Esta última semana de vacaciones la aprovechamos, en su gran mayoría, perfeccionando nuestras dotes culinarias.
El miércoles fuimos a visitar una asociación que promueve la agricultura sostenible para realizar un proyecto de la universidad. Fue bastante interesante ya que, si todo sale bien, nuestra propuesta de "cómo acercar la agricultura a los niños" la utilizarán en el festival ManoMundo que tendrá lugar un fin de semana de mayo. Qué ilusión!
Ese mismo día y teniendo tanto tiempo libre, decidimos hacer una tarta de zanahoria. La verdad, no sabemos si porque estaba buena o porque no queríamos que ocupase mucho espacio en la nevera, pero nos la ventilamos en dos días...
Por la noche salimos un poco, teníamos que gastar esa tarta que nos habíamos zampado.
El jueves recibimos un sorpresón que casi hace que se me salten las lágrimas. Salimos a nuestro jardín y nos encontramos con lo siguiente. Una mesita y una barbacoa. Felicidad total sólo con pensar en el uso que le vamos a dar.
Desde hace cosa de una semana sabíamos que el domingo iba a ser un día especial. Por fín despues de casi 3 meses, íbamos a poder desprendernos de guantes, abrigo e incluso sudadera y podríamos lucir nuestras piernas blanquecinas con unas gafas de sol sin estrenar. Iban a hacer 21 grados! ¿Qué hicimos para recibir el solazo? Prepararnos unas tortitas caseras y desayunar en la terracita. Los pequeños placeres de la vida...
Después salimos simplemente a dar una vuelta, y como al rato nos apretó el hambre, nos comimos un durum al solecito. (Si, por si hay dudas, este fue nuestro "finde de gordas", todo comida super sana, como podéis comprobar).
Después de comer, a reposar la comida a un parque. Oh dios mío, cada vez que veo el sol no me lo creo...
Aquí con nuestros amigos catalanes. Tenemos una mezcla de acentos ya que no veas. Molts Petons!